Con apoyo del PACMyC, un taller comunitario en Sabinas enseña a trabajar la piel y transmite saberes artesanales a nuevas generaciones.
Enlace de la Costa
En Sabinas, Coahuila, el proyecto “Taller de Talabartería La Oveja Negra” se ha convertido en un espacio clave para la preservación de la talabartería tradicional, un oficio artesanal ligado históricamente al trabajo ecuestre y a la elaboración de piezas de piel. La iniciativa es impulsada por Manuel Morales Martínez, exdocente de secundaria, y cuenta con el respaldo del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC) de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México.
Desde su propia vivienda, Morales Martínez abrió un taller donde niñas, niños, jóvenes y personas de la comunidad aprenden a trabajar la piel mediante técnicas tradicionales, contribuyendo así a la transmisión de conocimientos y al fortalecimiento del patrimonio cultural local.
Tras jubilarse, Manuel Morales decidió dedicar su tiempo a la talabartería, una vocación que desarrolló de manera gradual mientras aún ejercía como maestro. Con la guía de un talabartero experimentado, aprendió procesos como el corte, grabado, cosido y pulido de la piel, prácticas que requieren paciencia, precisión y dominio del material.
En su taller se elaboran piezas propias de la talabartería tradicional, como monturas, riendas, cabezadas y chaparreras, así como artículos de marroquinería —cintos, carteras y pulseras— que permiten a los aprendices iniciarse en el oficio.
El taller funciona bajo un modelo abierto y sin horarios rígidos, lo que facilita la participación de jóvenes y personas interesadas. Morales Martínez destaca que el aprendizaje práctico permite que quienes asisten elaboren piezas sencillas que incluso pueden comercializar, generando ingresos y motivación para continuar.
“El objetivo es que alguien se quede con el gusto por este oficio”, señala el artesano, convencido de que la talabartería sigue teniendo vigencia y valor económico.
En 2024, el proyecto recibió apoyo del PACMyC, lo que permitió adquirir materiales, mejorar la calidad de las piezas y fortalecer las capacitaciones abiertas a la comunidad. Además de preservar la tradición, el taller busca que las nuevas generaciones comprendan el valor de lo hecho a mano y el proceso detrás de cada objeto de piel.
Para Manuel Morales, la talabartería es más que un medio de sustento: es una herramienta formativa que fomenta la creatividad, la concentración y el arraigo cultural. “Es un oficio que no pasa de moda y siempre se necesita”, afirma.
Con iniciativas como “La Oveja Negra”, la talabartería en Coahuila se mantiene viva, adaptándose al presente sin perder sus raíces.
Fuente: Secretaría de Cultura del Gobierno de México / Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC).