* El país asiático expande rápidamente la producción del “rey de los granos” para fortalecer la seguridad alimentaria.
Enlace de la Costa
Bhután ha convertido la quinua en un cultivo prioritario para enfrentar la variabilidad climática, mejorar los ingresos rurales y reducir la dependencia de cereales importados, tras una década de expansión acelerada impulsada por un decreto real y el apoyo técnico de la FAO.
La quinua, antes prácticamente desconocida en Bhután, se ha consolidado como un cultivo estratégico en las zonas de montaña del país. Agricultores como Norbu Gyeltshen, en la aldea de Bartsham, han visto incrementos significativos en su producción e ingresos: solo en 2023, la comunidad cosechó alrededor de 17 toneladas.
El impulso nacional comenzó a mediados de la década de 2010, cuando las precipitaciones irregulares y la caída en el rendimiento de cultivos tradicionales como el arroz rojo y el trigo sarraceno llevaron al Gobierno a buscar alternativas resilientes. En 2015, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) introdujo la quinua como parte de un programa para probar cultivos nutritivos y adaptados a grandes altitudes.
El punto de inflexión llegó tras la visita del Rey Jigme Khesar Namgyel Wangchuck a una parcela de demostración en Thimphu. Impresionado por el potencial del grano, ordenó su expansión nacional. Entre 2016 y 2019, la FAO y el Ministerio de Agricultura y Ganadería multiplicaron semillas, capacitaron a agricultores y promovieron su consumo.
La iniciativa “Un país, un producto prioritario” (UPUP) de la FAO dio estructura al proceso, posicionando a la quinua como producto agrícola especial de Bhután. Hoy se cultiva en los 20 distritos del país, con Bartsham como principal zona demostrativa: 72 familias la producen y cinco agricultores experimentan con nuevas variedades.
El consumo también ha crecido. La quinua se mezcla con arroz rojo, se incorpora a tortitas tradicionales y se utiliza en preparaciones comunitarias. Un proyecto piloto en el Hospital Nacional de Consulta Jigme Dorji Wangchuck sustituyó el 10 % del arroz blanco por quinua, reduciendo el consumo de arroz en 2 000 kilos en seis meses y mejorando la ingesta de fibra y proteínas. El 75 % de los pacientes aceptó el cambio.
El Gobierno ahora introduce la quinua en los comedores escolares y trabaja para ampliar la producción comercial mediante alianzas con grupos de agricultores y empresas estatales. Paralelamente, se investigan variedades de alto rendimiento, incluidas las tricolores, que podrían acceder a mercados de mayor valor.
Para fortalecer la trazabilidad y avanzar hacia una indicación geográfica, la FAO instaló una estación meteorológica en Bartsham que registra datos en tiempo real sobre clima y microvariaciones ambientales.
Mientras los campos de quinua se expanden en las colinas butanesas, agricultores como Norbu y Jampel Gyeltshen ven en este cultivo una oportunidad para asegurar su sustento y construir una agricultura más resiliente.