Una oportunidad

Aida De Anda Otero

Hace cinco años, una mujer jubilada decidió continuar sus estudios y entró a una escuela técnica para cursar la carrera de Asistente administrativa, durante sus estudios le pidieron que iniciara prácticas en una empresa, ella acudió a varios lugares y en todos le cerraron las puertas: Por su edad, por su condición de estudiante, por su falta de experiencia, entre otros.

Casi sin esperanza, se acercó a un hotel y solicitó el espacio para practicar, en ese lugar de inmediato le dieron el visto bueno, inició su periodo de prácticas y gracias a su extraordinario desempeño, seis meses después estaba contratada, fue ascendida, mejoró su sueldo y hoy día continúa trabajando en ese hotel en el área administrativa.

Lo único que necesitó la mujer fue: Una oportunidad.

Hace ya diez años, una joven recién egresada de la Licenciatura buscaba empleo, encontró a través de internet una oferta de trabajo como “fotógrafa” en un hotel de reconocido prestigio en la zona, al llegar a la oficina de Recursos Humanos le informan que la empresa de fotografías era externa y no pertenecía al hotel, aún con esta información, la joven pidió audiencia con el Gerente de Recursos Humanos para presentarse y ponerse a sus órdenes, por si más adelante se habría una vacante.

Semanas después a través del entonces popular messenger, el Gerente de Recursos Humanos contacta a la joven y durante la conversación le preguntó: “¿Sabes lo que hace un gerente de capacitación en un hotel?” La respuesta de la joven fue sincera: No, no tengo idea. “No importa, preséntate el lunes” fue la respuesta.

El día de hoy a diez años de esta historia, la joven continúa desempeñándose como gerente de capacitación, trabajó para varias empresas de gran prestigio y dedicó su tiempo a aprender y perfeccionar lo que alguien de su profesión de ser, hacer y saber. Encontró que la formación de personas era apasionante y trabaja con amor y compromiso desde entonces.

Lo único que necesitó la joven fue: Una oportunidad.

El impacto a largo plazo que una oportunidad tiene para las personas es impredecible; el camino que recorren, particularmente aquellas que van empezando en el mundo laboral y quienes no cuentan con amplia preparación está lleno de batallas perdidas y falsas esperanzas que merman el espíritu. Muchos de nosotros tenemos historias como estas, donde en algún momento de nuestra vida laboral y contra todo pronóstico alguien confió en nuestro potencial.

¿Qué nos toca hacer como padres, hermanos, empresarios o empleadores? Confiar, tener fe y brindar a las personas que lo necesiten el regalo más valioso que un empleo puede ofrecer: Una oportunidad.

¿Y tú? ¿Cuál es tu historia?

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